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     CHACAL DEL DESIERTO.

     

    Marruecos, una tierra de aventuras y experiencias, donde puede pasar de casi todo, sobretodo si decides emprender un viaje cuya finalidad es recorrer el desierto. Una travesía que comienza con ilusión y trabajo.

     Se trataba de llevar y traer a 45 personas en 16 coches todo terreno, que habían sido preparados y equipados durante un par de meses para la ocasión. En el grupo había gente de todas las edades, desde mi padre con 66 años, hasta mi hija con 8 años. Un factor muy importante del viaje era la fiabilidad mecánica de los coches, pero siempre puede salir una avería donde menos se esperase y ante ese factor, estamos todos expuestos, así que lo que se pedía era prudencia al volante en todo momento.

     Llevábamos un planning marcado en todo momento, sobre el que variamos pocos factores, y los que se cambiaran, sería por las situaciones que fueran sucediendo, pero siempre comenté, -“Pase lo que pase, la caravana nunca se para”-. Íbamos gentes de Toledo, Valladolid, Madrid y Córdoba. La idea fue comenzar nuestro viaje el viernes 30 de Abril de 2.007, para descansar por la noche en Algeciras e iniciar todos juntos la travesía.

    Varios de nosotros nos citamos en una cafetería de la A4 antes de salir de los dominios de la capital, buen momento para ver como andaban los nervios y tomar un café. Los citados comienzan a llegar y nos ponemos en marcha. El camino se hace más ameno cuando lo compartes con los amigos. Todos nos juntaremos en Algeciras, excepto una familia, que por motivos laborales, se incorporará en travesía.

    Los viajes al desierto de Marruecos nunca son fáciles, siempre te expones a la posibilidad de ir sucumbiendo a los contratiempos, pero eso es la aventura del desierto marroquí y lo sabíamos, lo mejor era  que conocía a todos los conductores y podía salir todo bien, aunque vinieran mal dadas. Éramos afines.

    Uno de los compañeros del grupo que iba con nosotros, parece que tiene problemas de temperatura en las largas pendientes andaluzas, pero nada importante, ya que el coche no va mal, parece más bien error de lectura. Desde un principio se comentó que la velocidad en África sería apta para minimizar riesgos mecánicos, ya que si apretamos el ritmo, al final se puede perder más tiempo del que se gana, por lo que no habría problemas de ese tipo. Sabemos que llevamos mucha carga y que a los coches les costará en sobreesfuerzo mantener ritmos altos de velocidad. –“No hay prisa señores, recordad que estamos de vacaciones”-

    Al final de la tarde del viernes llegamos a Hotel Al Mar en Algeciras. Es al entrar a la ciudad y sobretodo al llegar al puerto marítimo cuando sientes una explosión de adrenalina. En Octubre empecé a diseñar el recorrido y había llegado el momento de ponerlo en marcha. Parece que fue ayer cuando tuvimos la primera cena sobre el viaje.

     El grupo a sido convocado por Chacal 4x4, y lo conforman subgrupos de coches con amigos y familiares que se empiezan a saludar en el restaurante del hotel. Hubo dos cenas anteriores al viaje, pero en ellas la gente se siente algo cortada hacia los demás, es lógico, no se conocen e impera algo de vergüenza, ahora es diferente, saben que ha llegado el momento de iniciar lo que tanto tiempo llevan esperando y ellos mismos tienen necesidad de conocer a sus compañeros. Que diferente está siendo esta cena, con respecto a la anteriores.

     En la madrugada del sábado 31 de Marzo embarcamos en el ferry, comienzan los trámites. Colocamos los coches en la bodega, y cuando nos hemos juntado todos, entorno a la cafetería, Conchi y Cristina terminan de ultimar los papeles necesarios para aligerar la entrada del grupo antes de cruzar la frontera Magrebí.

     Momento de risas y fotos en la proa del ferry, que a pesar del aire y el frío que hacía, no podíamos abandonar, primero viendo alejarse la península ibérica y luego contemplando la costa norte del continente africano. Para la inmensa mayoría era la primera vez que iban a pisar aquella tierra, y para varios de ellos, iba a ser allí donde celebrasen su cumpleaños.

     Salimos de la bodega del ferry todos juntos, estamos en la bonita ciudad de Ceuta que nos da la bienvenida. Tras repostar combustible, nos dirigimos a la caótica frontera de El Tarajal. Cuánto tardaremos en cruzarla nunca se sabe, pero lo que si tenía claro era que iba a determinar mucho el que llegásemos con tiempo o no, a la ciudad imperial de Fes, donde debería de darnos tiempo a disfrutar de un paseo por su medina, como estaba planificado.

     En un cuarto de hora hemos realizado los trámites aduaneros, perece que empezamos con buen pie. Nuestra primera parada obligatoria es para montar toda la parafernalia electrónica de navegación, un momento muy especial, ya que está la gente alucinando sobre todo lo que ha visto en estos pocos kilómetros que llevamos, por que por más que te lo intentes imaginar, no te haces a la idea de lo que allí sientes. Mientras que vamos montando los equipos, grupos y grupos de todo terrenos españoles nos saludan a su paso, son momentos emocionantes. Pero la jornada de hoy es de 300kms y no nos debemos de demorar.

     En los hoteles y por el país iremos encontrando a multitud de aficionados al 4x4 españoles, una afición que por desconocimiento o por la actitud de algunos practicantes, está poco o mal considerada. Los demás hemos ido viendo recrudecer las leyes que legislan nuestra actividad y Marruecos es para nosotros, un paraíso del que disfrutar, no por que nos guste hacer lo que queremos, ni meternos por donde nos apetezca con los coches, si no más bien por que en ese país, los organismos controlan y aseguran las zonas por las que pasamos. En España, un todo terreno por el campo tiene calificación de delincuente, sin presunción de inocencia, lo primero que tienes que hacer ante la autoridad que te para, es demostrar que no vas haciendo nada malo

     Ir adelantando vehículos por Marruecos y mantener una velocidad “decente” no es fácil. Se crean situaciones comprometidas en las que si arriesgas demasiado, puede acabar el viaje antes de lo deseado. Empiezo a echar cuentas con mi mujer y nos damos cuenta que vamos peor de lo previsto, nuestro andar a sido muy lento, los paisajes y peculiaridades de la vida marroquí nos van haciendo perder un tiempo valioso. Es todo tan diferente, que nadie se quiere perder detalle. De los 300kms llevamos 42kms y ya es mediodía, vamos mal para visitar Fes.

     –“Señores lo dicho, como no nos va a dar tiempo a visitar Fes a una hora prudente, se varía el planning original. La idea de hoy era conocer una medina y lo vamos a hacer, pero va a ser otra, la de Chef Chaouen”. Chaouen tiene una medina muy singular, que a la luz del día despliega todo su encanto con tonos blancos y azules, nuestro guía, Mustafa, nos irá descubriendo a lo largo de la visita, detalles sobre la cultura y costumbres de la vida en la montaña Magrebí. Que diferente es esta vida en comparación a la nuestra, ni mejor ni peor, simplemente diferente.

     Seguimos carretera y faltan 250kms para llegar a Fes, de repente, comentan por la emisora que el cherokee de Jesús se ha parado de repente, el coche vuelve a arrancar, así que no hay problema. A Fran le dejo la emisora de reserva que llevo, por que la suya no va bien y Pedro también tiene problemas con la suya, pero si va detrás de mí, me oye, así que por lo menos estaremos todos comunicados para continuar adelantando con seguridad.

     La jornada de montaña, con sus fértiles tierras, agua en abundancia, casas de piedra y nieve en las montañas, está llegando a su fin, estamos en el hotel de Fes. Pero sigue habiendo un cabo suelto en el viaje, una familia de viejos amigos, Ernesto, Isabel y Jorge, que a la jornada siguiente tendrán que hacer casi 800kms en una sola jornada por las angostas carreteras de estas tierras, buen reto personal, pero es por los años que nos conocemos y los viajes que hemos compartido juntos que me dan la confianza de que nos cogerá antes de que lleguemos al destino del segundo día. Por el momento le he preparado la entrada en el país, para que le ayude a tramitar los papeles en el menor tiempo posible, gracias a un contacto que conocimos por la mañana

     El segundo día de travesía comienza antes de lo esperado, a las 5 de la mañana, horario de España, el imán de la mezquita próxima al hotel llama al rezo, vaya horas. Me desvelo y acabo dando un paseo por el amplio boulevard frente al hotel y entro en un bar a tomar un café. En l televisor están retransmitiendo en diferido un partido de la liga española narrado en marroquí por un canal en soporte digital, que curioso es el deporte y que facilidad de unir a las gentes, sean de donde sean. Tras el desayuno una tropa de vendedores hace negocio con la gente que quiere adquirir sus productos, así es Marruecos.

     1 de Abril, comienza la jornada de los contrastes, 490kms por asfalto que nos llevarán de la fértil montaña al hostil desierto. Si prestas un poco de atención, ves a lo largo de este día como va cambiando todo, no solo el paisaje, si no que también dejaremos al marroquí de sangre árabe para conocer al bereber, cambian sus vestimentas, construcciones… cambia todo, y vamos a conocer la finalidad de realizar tan peculiar viaje, ver las arenas del desierto.

     Continúa habiendo nieve en la montaña, pero ahora se encuentra más cerca de la carretera, la altitud al principio de la jornada de hoy es mayor. A nuestro paso dejaremos a ambos lados verdes bosques plagados de enormes cedros, muchos pastores con sus rebaños pastando y de vez en cuando alguna vivienda de piedra que otra. Parece que a mi gente no se le da nada mal ir adelantando vehículos por estas carreteras, voy indicando por la emisora cuando pueden ir adelantando con seguridad.

     -“A las 2 de la tarde comemos, estemos donde estemos”-. Nos toca comer en las planicies de la montaña. Hace un rato, habíamos tenido unas impresionantes vistas de gigantescas llanuras en el horizonte. Se veían varios remolinos, de considerables dimensiones en la lejanía y constantes tormentas (de agua o arena, aun no sabíamos de que) por detrás de los “gigantes de viento”, un espectáculo que creaba incertidumbre, ya que hacía allí nos dirigía nuestro destino. Lo que si estaba claro, es que hacía mucho aire, se notaba en los coches.

     -“Hemos venido al desierto, no sabemos lo que nos deparará, así es el desierto”-. Nuestro primer contacto con la adversa meteorología de este hábitat, fue el viento a la hora de comer. Un grupo de niños se acercó al campamento y se encontró a gente extranjera con turbantes en la montaña, gafas cerradas como las usadas en corte con radial, una lona azul que cubría tres coches y varios de estos peculiares personajes, que éramos nosotros, comiendo al resguardo.

     Pero la tónica de todos los días sería la solidaridad por nuestra parte hacia la gente que nos iríamos encontrando a nuestro paso, a aquellos niños les llenamos las manos de obsequios, comida y bebida. En seguida entiendes el bien que puedes hacer a esas gentes, para las que resulta muy difícil e incluso imposible adquirir ciertos productos, y más si vives en una casa solitaria en medio de la montaña. Que poco cuesta hacer el bien.

     Y para poner la guinda a la comida, aparece Ernesto en el horizonte, por fin estamos todos, que alegría. Viene reventado, pero ha mantenido un ritmo constante y ya está junto a nosotros. Muchos kilómetros para un solo día por tierras desconocidas. Continuamos recorriendo inmensas carreteras en línea recta hasta donde llega la vista, con límites de 100kms por hora y donde en ocasiones costaba llegar a tal velocidad, sobretodo cuando venía un vehículo de frente y nos veíamos en la necesidad de tener que invadir el arenoso arcén.

     Se van acabando los tonos verdes en el paisaje, solo de vez en cuando aparece un vergel por la acción de los oueds (palabra marroquí que significa río). Frente a nosotros, erigida como muralla infranqueable aparecen multitud de montes, al pasar la localidad de Midelt. Parece como si fuéramos a llegar hasta allí por carretera y llegado un punto, nos fuéramos a ver obligados a dar media vuelta por que se acaba el asfalto.

     La carretera comienza a serpentear y va ascendiendo hasta que cruzamos el túnel del legionario. Tras realizar este paso, decenas de miradas disfrutan de las impresionantes vistas. Ahora iremos por la ladera de una garganta, y debajo nuestro, un oued da vida al entorno, y sus pedregosas riberas sucumben ante los árboles más propicios a semejantes circunstancias.

     -“Donde hay agua, hay vida”-, un inmenso palmeral va dando sombra a las riberas del oued y cobijo a la gente de los pueblos que se sienten resguardados ante el implacable sol. Hombre y agua han ido creando áreas fértiles, que entre palmera y palmera nos dejan ver cultivos de cereales y huertas. Un espectáculo visual difícil de describir e imposible de encontrar en nuestra geografía. Otro recuerdo que llevarnos de este viaje.

     Municipios en fiestas, campos de fútbol y mucha gente yendo y viniendo de un pueblo a otro. De repente la llanura se abre a nuestra izquierda y vemos un enorme embalse donde se almacenan las aguas de los oueds colindantes. Mari se asoma por el techo del patrol de su hermano Josito para retratar tales vistas. Al final del embalse asoma la concurrida localidad de Er Rachidia, la cual llegamos a cruzar. Y de aquí a otras enormes rectas, esta vez son las que preceden al desierto, llenas de gente en bicicleta.

     Momento obligado para hacer un alto en el camino, al llegar a las inmediaciones del geiser de Borj-Yerdi, donde también pudimos comprar algún turbante que otro, pero, no eran suficientes, necesitamos más cantidad, hay 45 caras que cubrir del viento y la arena. Nos ponemos en marcha, tenemos que parar en los comercios de Erfoud ó Rissani  

     -“Ya sabemos de que eran las tormentas que veíamos a medio día, son de arena, mirad a la izquierda”- el paisaje era confuso, de repente se veía como el cielo se juntaba con la tierra, el ambiente en penumbras y el sol ha desaparecido. Nos estábamos adentrando por asfalto en plena tormenta de arena, a cada kilómetro que hacíamos, el cielo se iría tornando en tonos marrones.

     Cruzar la localidad de Erfoud y llegamos a Rissani con su carretera llena de gente, es como meterte con el coche en una manifestación, un singular caos que poco a poco va llegando a su final, pero un final que parece no fuera a llegar nunca. Entre ir esquivando a la gente, frena, acelera, frena, esquiva y demás, era difícil ver donde estaba la gasolinera en la que debíamos repostar para afrontar la jornada siguiente.

     Aquí estamos, en plena tormenta de arena, con una visibilidad similar a conducir con niebla, teniendo que ir muy despacio, con pocos coches detrás mío, ya que están comprando los turbantes en Rissani, no es muy tarde para llegar a cenar y ahora no merece la pena tener prisa, es más importante ir cubiertos mañana con los turbantes, llegues cuando llegues siempre va a ver cena, en este sitio no hay horarios, pero la noche se va echando encima y aun faltan 30kms para llegar al albergue.

     -“Que sensación más extraña ¿verdad?, conducir por una carretera donde lo único que ves son remolinos de arena en el asfalto,… otro momento que recordar”-. En verdad que si lo era, llevábamos 10kms desde Erfoud, 20kms, ya llevábamos demasiada distancia con respecto a Rissani, la gasolinera se quedó atrás.

     –“Venga chicos, en 4kms está el desvío al albergue, hay un cartel que indica la pista que va al albergue”- y seguimos lentamente, en plena tormenta, se ve poco y empiezan a aparecer las indicaciones de los muchos hospedajes que se encuentran en torno a erg Chebbi (erg significa dunas, dunas de Chebbi). Al ver un cartel, casi nos parábamos para poder ver de que albergue se trataba.

     –“Este no es, vamos a continuar, El GPS indica que tiene que estar ahí delante, pero vamos despacio y nos aseguramos”-. Llegamos a la coordenada donde debía de estar el cartel y la pista, pero no está ninguna de las dos cosas.

     –“Esperaros que me adelanto y lo busco”-. Otro cartel, otro  y otro, hasta que aparece el de un albergue que sabía que quedaba después del nuestro,

     -“Coño, pues nos lo hemos pasado. Bueno, la pista del nuestro albergue está a unos 6kms de de la pista de este otro”-. Volvemos para atrás, pasamos 6kms, 7, 8 y en el noveno, según el contador de distancias, volvemos a dar la vuelta.

     Andrés y Josito encabezan una peculiar expedición hacia el punto de GPS que teníamos marcado como el del albergue, con dos factores inusuales, la noche y la ausencia de visibilidad, ¡¡como mola!! y como no, con varios voluntarios que no se querían perder semejante experiencia, por que al fin y al cabo, todos estos detalles no son nada más y nada menos que anécdotas que recordar, situaciones que siempre vuelven a la cabeza, como a mi me viene ahora.

     A 6kms debían de encontrar el lugar buscado. Les oigo débilmente por la emisora y mientras que otros esperan en la coordenada marcada como la entrada a la pista, vuelvo a avanzar por la carretera lentamente para ver si localizo el cartel, cuando vuelvo a aparecer en el cruce del albergue, que se supone, estaba a 6kms del nuestro y comienzo a oír a los “compañeros expedicionarios” que venían hacia mi, los cuales aparecen por la carretera que llevo y el albergue que no aparece. Han tenido que pasar muy cerca de él.

     -“Venga chicos, vamos con los compañeros que le damos un telefonazo a la gente del albergue”-. Por fin hemos llegado, hay que ver que situaciones más inverosímiles, vivirlo para creerlo, y la tormenta continúa, vaya jornada la de mañana si esto no para.

     -“Que pena que haya semejante tormenta. A ver si mañana podéis ver la impresionante imagen de las enormes dunas que tendríamos que estar viendo a 100mts frente a nosotros”- Cenamos a la tenue luz de un par de bombillas y en una de las veces que me asomo por la ventana, la tormenta había cesado por completo y la luna llena muestra la esplendorosa silueta de Erg Chebbi desde el albergue que recibe su nombre. En breve estaríamos todos en el parking del albergue.

     La luna era nuestra cómplice y a pesar del cansancio, queríamos disfrutar del momento, “Carpe Diem”. Unos charlaban, otros se tomaban un chisme, Pedro y Jesús fabricaban y montaban una junta para montar, en no se que parte del coche, los había que incluso se fueron de paseo por las dunas. La noche acompañaba a disfrutar de ese momento.

     A otros nos dio por tomar contacto de las dunas con los coches, buenas risas nos echamos aquella noche y la culpa la tuvieron mi padre y Chuso, que no sabían que tal se les iba a dar aquello y al final nos acabó picando a todos el gusanillo. Luego se metería Pedro para probar el cherokee, Jesús, Andrés, el que escribe y también Patricia quiso surcar las dunas. Y eso que nadie se quería meter, pero gracias a ello aun oigo al grand cherokee V8 rugiendo al subir las paredes de arena.

     Merecido descanso para dar comienzo a la tercera jornada del 2 de Abril. Cuando estábamos colocándonos a la salida del aparcamiento alguien comenta que si habíamos visto al hombre que estaba tumbado en el suelo durmiendo.

     –“¿Qué hombre, había un hombre?”-, pues si, resulta que había un paisano de rasgos europeos, al cual vimos descalzo la noche anterior con la raya de los ojos pintada, sable al cinturón y con las muñecas llenas de baratijas, que ahora se dormía envuelto entre mantas, encima de un colchón en medio de la arena, al cual, varios de nosotros bordeamos por no pisarlo, ya que de noche perecía un tronco o algo similar. Tras volver a Erfoud para llenar de combustible (la gasolinera de Rissani aun estaba cerrada), vemos como amanece en el desierto sobre el desierto y Erg Chebbi, un bello escenario de arena anaranjada.

     Empezamos la jornada, según el horario previsto, para tomar la pista que va de Taouz a Tagounite. 270kms de hamadas (palabra usada para las llanuras de firme liso y pétreo), pistas, ramblas de arena, oueds secos, alguna duna, dos puertos que subir, puestos fronterizos con Argelia, etc…

     Nada más dejar los casi 20kms de asfalto iniciales, comenzamos con la primera parada imprevista de la jornada, en la cual hicimos entrega de obsequios a los niños que se encontramos en la pista. Una jornada eminentemente de hamadas que nos llevaría a las dunas junto al área de acampada de haima Said, donde pernoctaríamos con nuestras tiendas. Una etapa dura de llanuras y mucha concentración al volante, donde no había cabida para cometer errores. El primer incidente del día fue un pinchazo en el patrol de Andrés.

     –“No te preocupes, ojalá esto fuera lo peor que nos pudiera pasar”-. Zipi y Josito comentan si pueden ir avanzando,

     -“Venga, claro que si, arreglamos el pinchazo y os cogemos”- son dos buenos navegantes, llevan material para guiarse y puedo confiar en su experiencia como en el que más. La verdad es que tardamos algo más de lo deseado en cambiar la rueda, ya que no había manera de levantar el enorme patrol, pero lo hicimos y nos pusimos en marcha.

     Comienza la navegación con las coordenadas del GPS, empieza la diversión. Vamos surcando las pistas y empezamos a tomar contacto con la conducción en arena circulando por el cañón de arena del oued Ziz. Cruzamos pueblos en los que alguno paraba a entregar ropa, obsequios, etc. Fue a la salida de una aldea donde vio mi mujer a una madre que portaba a la cintura una niña de dos o tres años y a la cual entregamos un bolsón de ropa prácticamente nueva que apenas habíamos puesto a mi hija Laura.

     Mucho polvo y más navegación nos llevan a una llanura con oueds arenosos que rompen el camino, “la cabeza” del grupo continúa, Zipi y Josito no deben andar lejos, y yo me paro a reagrupar a “la cola” del grupo que se estaba descolgando un poco. Paradita, fotos y experiencias, y en eso que aparece el amigo Oscar e Isabel que estaban compitiendo en una prueba de navegación,

     -“Con lo grande que es el desierto y nos hemos ido a encontrar”, que alegría da encontrarte con algún conocido en Marruecos.

     Atravesamos la aldea de Remlia por la pista que la cruza. A ambos lados, sus habitantes acudían a nuestro paso, por si les entregábamos algún obsequio, lo cual hicimos.

     Nos encontrábamos a poca distancia del grupo de cabeza y nos metíamos de lleno en el oued arenoso de Remlia, donde algunos compañeros, se fueron atascando, eran tramos cortos de arena blanda, pero la verdad es que si no andabas fino con el acelerador, te podías atascar hasta la panza del coche. Era parte del juego, donde la mayoría salieron victoriosos de tal adversidad, a golpe de adrenalina.

     A la salida del oued, nos paramos a comer; ¿Donde andarán Zipi y Josito?, continúan delante nuestro, si no fuera así, les hubiéramos visto. Bajo un sol de justicia fuimos colocando los coches a un lado del camino para poner la lona encima y tensarla a base de toldo. Menudo campamento montamos entre todos en un momento, mesas, sillas, la comida yendo y viniendo de un lado a otro, que momento. De vez en cuando oíamos un coche que se acercaba por el oued y aparecía por el camino. Al poco apareció otro preguntando por su compañero. –“Sigue de frente que el ha ido por ahí”-.

     En marcha otra vez, surcado arenales que iban impidiendo el paso de algún compañero. ¡Que espectáculo!, 14 coches luchando contra la arena. Algo más de 20kms de pistas y llegamos a un cordón de dunas que debíamos pasar zigzagueando, los que iban en cabeza ya lo habían hacho y los “de cola” nos disponíamos a hacerlo, Luís entró bajo de revoluciones y se quedó colgando en la cresta de una duna, un poco más alegre y habría pasado. La jornada de mañana prometía interesante, ya que se trataba de surcar dunas, dunas y dunas, hoy era la etapa de cruzar hamadas por la soledad del desierto.

     -“Vamos mal de tiempo, nos hemos entretenido demasiado. ¡No nos paramos!”-. Comienza a reventar algún amortiguador que otro, relativamente nuevo y el cansancio de las jornadas va haciendo mella.

     -“Va a ser una pena no llegar a acampar al sitio previsto”-. Hace un par de años estuvimos Andrés y yo en ese lugar. Era un viaje diseñado en sentido contrario al que llevábamos esta vez y resultó impresionante ver por primera vez en el viaje semejante estampa de dunas, e irlas surcando y surcando hasta la saciedad, con la misma finalidad que esta vez, llegar al lago Iriki. Las sombras se iban alargando por momentos.  

    -“Señores, son las 8 de la tarde. Nuestros dos compañeros tienen que estar bastante adelantados con respecto a nosotros ya que su ritmo de marcha al ser solo dos coches es superior al que llevamos, y si hubieran tenido problemas, nos los habríamos encontrado. Como dijimos en las cenas previas al viaje, la caravana no se detiene y si alguien decide separarse de la misma es siempre bajo su responsabilidad, ya que iremos realizando el itinerario previsto”-.

     Salimos a las 9 de la mañana del albergue y habíamos realizado en torno a 200kms de jornada sobre los casi 280 previstos. La media de velocidad no era buena y fue la que el grupo marcaba. Hubo tramos por los que algún coche se puso a 140kms por hora, pero no fue lo normal, la velocidad que intentábamos marcar era la de 80kms por hora, y si no se hubiera parado tantas veces, hubiera dado tiempo de sobra para concluir el día.

     Como dicen por el sur de Marruecos: “la prisa mata y la pachorra remata”. Es verdad, marcarse imperiosamente una hora o un lugar al que llegar, puede ser nefasto y absurdo, llegando a provocar situaciones de riesgo innecesarias o peligrosas para la integridad de los asistentes del viaje. Al fin y al cabo, “estábamos de vacaciones”. 

     -“Faltan 80kms para llegar al lugar previsto para la acampada y no merece la pena arriesgarse. Los haríamos de noche, hay más arena, tramos pedregosos, algún oued que otro en el camino. Os propongo que busquemos un lugar para acampar y descansemos, mañana nos espera una fuerte etapa de dunas y haremos hasta donde podamos”-. Y así fue. a pocos metros apareció un tramo llano de arena fina donde las espaldas descansarían.

     Buenas risas nos echamos antes de montar el campamento, varios coches se fueron atascando uno tras otro y todos estuvimos ayudando, dentro de las posibilidades de cada uno, a empujar y desatascar a compañeros que el que más y el que menos ya era amigo. Era la jornada de acampar en el desierto y nos disponíamos a hacerlo.

     Mientras preparábamos la cena veíamos luces de coches en el horizonte, ante las cuales me levantaba para acercarme a la emisora y emitir una llamada de atención, esperando la respuesta de los dos compañeros adelantados, y si no recibía respuesta, rastreaba los canales esperando hablar con los coches que se acercaban hacia nuestra ubicación, por si los habían visto pasar. Pensaba mucho en ellos, sobretodo en Aurora, la mujer de Paco, por que sabía que si se vino con nuestro grupo, fue por que deseaba ir “arropada” en su primer viaje a Marruecos, me imagino, que también tenía que ver que llevaban a su hija Marta y sabían que la filosofía del viaje era la de minimizar riesgos.

     Cenamos charlando, contando anécdotas, que no eran pocas, viendo fotos de las jornadas e imágenes que traía preparadas Ernesto con nuestro recorrido original sobre fotos vía satélite, lo cual era una gozada, ver los cañones, ríos o palmerales junto a los que circulábamos.

     Ya de noche, bien empezada la cena, vimos como lentamente se iba acercando un vehículo, el cual al estar lo suficientemente cerca identificamos como un jeep, típico de los cuerpos de seguridad marroquíes. Dos militares y un bereber se bajan de él. No me acuerdo quien fue el que me pregunto que a que venía esta gente.

     -“Vienen a darnos la bienvenida y a ver que tenemos de cena, ni más ni menos”-. Justo antes de acampar habíamos pasado junto a un fortín militar situado en lo alto de un cerro que controla las pistas, como por la que nosotros circulábamos, que van entrando y saliendo entre Marruecos y Argelia. Bajo el fortín divisamos un palmeral donde un grupo de 4x4 se estaba disponiendo a pasar la noche, y nosotros estábamos acampados a apenas un kilómetro de ellos.

     Militares a los que destinan a 70kms del pueblo, no aldea, más cercano y que puede que lo más gratificante que les suela pasar, es provocar una situación, como la de hoy, para compartir mesa con un grupo de 39 personas. Puede resultar muy gratificante para ellos, si tenemos en cuenta lo aburridos y largos que tienen que ser los días haciendo guardias en semejantes latitudes, y lo peor de todo, en medio del desierto.

     -“Nosotros somos los invitados, ellos son los huéspedes”-. Nos acercamos Ernesto y yo, y enseguida se entabló conversación en francés, y le dijeron a Ernesto que no nos preocupásemos por nada, que el era el jefe del puesto y que iban a controlar que no hubiera ningún problema por la noche, que descansáramos tranquilos. Y ya puestos en conversaciones, también le contaron que si teníamos algo fresco para saciar su sed.

      –“Si hombre, ¿alguien tiene tres latas frescas para esta buena gente?”-. Luego les ofrecí tres ensaladas de lata. Se sentaron junto al campamento a dejar el tiempo pasar, mientras que daban buena fe de los productos de la tierra,  lo típico en estos casos.

     –“No tenemos DYC amigo”-. Cogí una botella de cristal vacía, y mesa por mesa, fui recopilando una mezcla de las mejores cosechas vinícolas de nuestra tierra. A cambio de ello, se dieron por satisfechos. Al final se despidieron y pudimos sacar el “DYC” por el que tanto se habían interesado. Recuerdo curioso el de esa noche  

     La primera sensación que tuve al despertar, fue la de frío seco, más de lo esperado tras un día tan caluroso, y es que eso es lo que tiene el desierto y nos mostraba poco a poco sus caras mas hostiles, pero también las placenteras. Ver que por el Oeste iba desapareciendo la luna llena que nos iluminó durante la noche, mientras que el sol iba haciendo acto de presencia por el Este, fue uno de los ratos más gratificantes del viaje.

     Al subir el primer puerto de la jornada comenzó el teléfono a pitar llamadas perdidas, alguna de ellas tenían mensaje de voz. Zipi me había llamado una decena de veces. Al hablar con él, me indicó que se encontraban en haima Said. Nos encontraríamos en la gasolinera de Tagounite, ya que debíamos repostar para afrontar la etapa reina del viaje.

     Hicieron pocas paradas, la jornada anterior, pero pensaron que los habíamos adelantado en alguna de ellas, por lo que se pusieron a tirar hasta que a las 6 de la tarde llegaron al sitio donde estaba prevista la acampada. La gente de las haimas los invitó a cenar, pero llevaban alimentos para la ocasión. Al ver el bereber que no iban, les acercó un plato con cus-cus, comida típica del país. Así es esta gente.

     El 3 de Abril comenzaba nuestra cuarta etapa de viaje. Se supone que hoy debíamos hacer 250kms de dunas por el desierto y llegar al lago Iriki. Teníamos en nuestra contra que debíamos acabar el tramo que aun faltara por hacer para llegar a Mhamid, el último pueblo por esta región antes de entrar al desierto.

     Al llegar a una aldea próxima a la carretera, el grupo de cabeza localizó la escuela que marcaba el libro de ruta, por lo que paramos a entregar el material y enseres que llevábamos de España. Los amigos andaluces, hicieron entrega de los libros que el ayuntamiento de Bujalance (Córdoba) había donado para la ocasión. Se entregó ropa a las mujeres, muñecos a los niños, golosinas, etc. Fue buen momento para repartir, uno por uno, los bollos que llevaba para el desayuno. Impacta ver como la necesidad aflora por estos sitios.

     El coche de Patricia está perdiendo aceite y el de Jesús se ha vuelto a parar. Quedan pocos kilómetros para llegar a carretera y acercarnos al taller, nos ponernos en marcha. Llevábamos la idea de no detenernos hasta llegar al lugar del reencuentro con nuestros compañeros, pero desafortunadamente, los problemas mecánicos iban a ser el peor de los contratiempos. A Jesús se le para el coche y ahora no quiere arrancar, por lo que me pongo a remolcarle.

     La cabeza se adelanta hacia el lugar de encuentro (la gasolinera de Tagounite) y nosotros aminoramos el ritmo por necesidad de las circunstancias. Los dos coches afectados, mi padre cerrando el grupo con las emergencias puestas, y yo remolcando al cherokee, salimos a carretera y aparece un guardia que pretende parar mi lento caminar, a lo cual me niego. Me comenta mi padre que le dice el guardia que “aquí como en España, no se puede remolcar por carretera, que nos deja hacerlo si llevamos el coche a los talleres de Tagounite”.

     -“Venga, dile que si, que esa es la idea”-. Al entrar en la población, un hombre grita desde su coche si necesitamos un mecánico, apareció el taller. En el taller del bereber  Ibrahim se empiezan a destapar los problemas que llevábamos arrastrando desde el día anterior. El coche de Patricia, conducido ahora por su padre Paco y en el cual iba Antonio de acompañante, tiene una fisura en el cárter, lo tienen que desmontar para soldarlo y ya de paso enderezar la protección metálica de los bajos del coche, que estaba deformada por los golpes propiciados. Al de Jesús, ya de paso que le miran el problema eléctrico, aprovechan para montar un par de ballestas nuevas y que no rocen las ruedas en la carrocería. Por nuestra parte, el día estaba hechado en el taller.

     -“El grupo debe continuar, no os podéis perder las dunas, llegad hasta donde podáis y disfrutad de la arena, que es a lo que hemos venido”-. Andrés y Ernesto se ponían en marcha con la gente hacia el lago Iriki. Nosotros mientras, afectados y voluntarios, esperando los veredictos de los mecánicos, nos sentamos junto al taller a hacer lo que hace allí la gente, “ver la vida pasar”.

     Parece que las reparaciones van para largo, por lo que decidimos ir al hotel de Zagora a descansar, es mediodía y les acerco hasta el destino del final de la jornada, el precioso hotel Reda Zagora a 80kms de Tagounite. Según llego y dejo a Conchi con los papeleos del hotel, decido volver para acompañar a los dos grupos que dejé atrás. Casi dos horas llevo fuera y las reparaciones han avanzado mucho, esto es Marruecos. Un té a la menta con los amigos y me entran unas ganas inexorables de ver que tal les va al grupo de cabeza y ya de paso, meterme en unas dunas.

     Se por donde van a venir, así que me voy hacia ellos y me quedo junto a la carretera jugando en las dunas y así me desahogo un rato. Veo un cordón de dunas inmenso junto a la carretera, allá que voy, pero el grupo viene de camino, comienzo a oírles por la emisora. Cuando a penas me faltan 100metros para pisar las dunas oigo, “donde vas Roberto, estamos aquí”, así que media vuelta y al asfalto.

     El taller es el sitio de unión del grupo, nos sentamos a tomar un té a la menta (ya van dos) mientras nos van contando su experiencia en las dunas. Por lo visto, se encontraron un gran grupo de coches atascados en un oued de arena, así que pararon a comer en unas dunas cercanas, por lo que ya terminaron de pasar el rato entre risas y arena. Se lo habían pasado bien.

     La gente estaba cansada, así que se fueron todos y nos quedamos Jesús, Antonio y yo. Serían las 7 de la tarde cuando nos pusimos en marcha a Zagora y a unos 10kms del taller, se vuelve a parar el Cherokee, ¿no se había solucionado el problema? Me acerco al taller y los empleados del mismo localizan a Ibrahim que llevaba el coche cargado de familia rumbo a Zagora, así que monto a los mecánicos conmigo y llegamos donde está el coche averiado. Parece que antes el problema estaba en la bobina del encendido, pero no se había cambiado por que pareció un falso contacto. Ahora parece que se trata de que la bomba de combustible no chupa gasolina de forma correcta por que el agujero que tiene el tapón de gasolina está obstruido, le dan solución y llegamos al hotel, escoltados por Ibrahim y toda su familia.

     Después de cenar, unas copas en la haima decorativa del hotel, estamos agotados pero apetece desahogarse un rato entre risas. Las dos jornadas de desierto habían finalizado, retomábamos la parte turística del viaje, el desierto quedaba atrás.

     La quinta etapa, la del día 4 de Abril, iba a ser según el planning de viaje, así que empezamos yéndonos de tiendas por Zagora, a montar en camello, etc. Luego nos pusimos en marcha, atravesando las aldeas al norte de la ciudad, era un sitio encantador, sacudido por la carencia, pero encantador. En una ocasión vimos a una niña desnuda de la edad de mi hija pequeña que corría junto a los coches, que duros son algunos sitios de Marruecos, física y emocionalmente. Va llegando el mediodía y el cherokee se vuelve a parar. El buen amigo Pedro se pone a echarle un vistazo y decide cambiar el filtro de gasolina, pero es necesario ir a un mecánico, por que al rato de ponerlo en marcha, se vuelve a parar.

     Esta vez vamos al taller de Zagora, Tagounite se encuentra a 80kms, y en esta otra ciudad tenemos un taller de confianza, a los que llamamos para que fueran localizando una bobina de encendido de jeep. Íbamos tres coches, Jesús y Susanne, Ernesto e Isabel, y Conchi, Judith y yo. Dejamos el coche en el taller y un par de chicos del mismo se ofrecen a enseñarnos la medina de Zagora, pero la medina de verdad, no la turística. Fue una gran experiencia ver la vida cotidiana y su entorno, de aquella manera que nos la mostraron. Luego nos fuimos de tiendas y a las 5 de la tarde nos sentamos a comer.

     Una llamada de la agencia de viajes, nos informa que el hotel del día siguiente, en Marrakech, a desviado nuestras habitaciones a otro hotel. Un amigo que me encontré por la mañana desayunando en el hotel me comentó que a ellos también les habían desviado. Suele pasar y más en las grandes ciudades.

     El contacto con el grupo de cabeza se mantenía constantemente. Habían tenido que dar la vuelta para llegar a carretera. La pista que llevaban se encontraba destrozada por las lluvias del año anterior y era imposible continuar. Iban de camino al lugar donde concluiríamos la jornada, la khasba de Ait Ben Haddou, declarada patrimonio de la humanidad, un lugar donde se han rodado decenas de películas famosas.

     Al final de la tarde íbamos nosotros también hacia el destino previsto, pero era una lástima que ya fuera prácticamente de noche, y no poder ir viendo los inmensos palmerales del valle del Dráa que hace dos años, tanto me cautivaron. A 50kms de Zagora, el cherokee se vuelve a parar al entrar en un pueblo.

     –“Recuerda, si tu problema tiene solución no te preocupes, y si no la tiene, ¿de que te preocupas?”-. Mecánicos y voluntarios se acercaban a ver si le daban solución, ¿Qué más se podía hacer?, por las pistas del desierto no había riesgo si el coche se detenía, pero ahora estábamos circulando por una carretera revirada de curvar. Pedro y Antonio habían hecho lo que podían y los mecánicos de dos poblaciones también.

     -“Estamos yendo por una carretera llena de curvas, si el coche se para al llegar a una de ellas, a lo mejor te haces con la dirección y los frenos. Pero si no, es tu cabeza y la de tu mujer contra lo que halla enfrente”-. Asumir riesgos de ese tipo no merecía la pena y él lo sabía. Seguro que el problema del coche era una tontería, pero no daban con el. Llamamos al mecánico de Zagora para que viniera a por el coche, mientras Jesús iniciaba la repatriación del mismo, también se puso a tramitar su vuelta a casa en avión.

     –“Has pagado un viaje por Marruecos, y vas a acabar esta aventura en mi coche, no os podéis ir”-, y no se fueron. A la 1 y media de la mañana, estábamos sentados en la terraza de un bar, en un pueblo que dormía a la luz de la luna llena, tomando varias teteras de té a la menta, con 4 amigos, mi mujer y mi hija. Ese fué el momento más especial que me llevé del viaje, parecía que el tiempo se hubiera detenido.

     Llegó el mecánico, repartimos el equipaje y se llevó el coche, nosotros continuamos el viaje. Andrés se había encargado de tener al grupo gratamente acomodado en el hotel de la khasba, el mismo al que llegamos a las 3 y media de la mañana. Momento para que me contara las anécdotas del día y yo a él las mías.

     La sexta etapa, del 5 de Abril, era la más corta del viaje y tras visitar las calles de la khasba guiados con el bueno de Alí,  nos dispusimos a ir a Marrakech, donde teníamos previsto visitar su plaza, zoco y pasear en calesa por su ciudad. A las 6 de la tarde llegamos al sitio que la agencia nos había indicado y llega el primer imprevisto, ese no era el hotel, si no que eran sus oficinas y estaban cerradas, ¿para que nos han mandado aquí? Miraron la dirección del hotel por Internet y nos dieron las de la oficina.

     Varias conversaciones con la agencia y nos indican como llegar al hotel previsto. Tiempo para que aparezca nuestro amigo marroquí Yunes, que esperaba nuestra llegada. Se monta conmigo y vamos a la caza del hotel, el cual no aparece. Nadie conocía el hotel y estábamos cerca de él. Apareció yendo por una carretera que sale de la ciudad, lugar en el que nos encontrábamos, y luego había que tomar un camino, sin indicaciones, y hacer 4kms para llegar al lugar deseado.

     Son las 9, vamos a cenar y luego a la plaza. ¡Que bien! Encima resulta que hay huelga de transportes, bueno, pues llevamos los coches. De camino a la plaza, le comento a Yunes que me he dejado el pasaporte en la habitación, que se le va a hacer, pues iré sin pasaporte. Llego a un semáforo y un guardia me echa el alto. Resulta que me he saltado un semáforo en ámbar, tras una charla que se concluyó con 10€ para el guardia o 40€ para el estado (preferí que fueran 10€) llegamos a la plaza, también declarada patrimonio de la humanidad. Nos mezclamos con la multitud, que atendía a los espectáculos, o cenaban en sus terrazas o regateaban en sus zocos.

     La séptima etapa, la del 6 de Abril, nos llevaba hasta la ciudad costera de Safi, capital africana del pescado, donde nos esperaba Mohamed, profesor de árabe en España, que reside muy cerca de mí. Se encargó de preparar una visita que empezaba llevándonos junto a las universidades de la ciudad para disfrutar de la panorámica de la ciudad, transitar con nuestros coches por los muelles del puerto, visitar una fábrica de cerámica y su zoco, y finalmente degustar los manjares del mar en, sin duda, uno de los restaurantes con mayor encanto de la ciudad. Ya puestos, me preocupé en conseguir una tarta para que mi niña Judith celebrase su noveno cumpleaños.

     Nuestro agradecimiento fue unánime en la despedida, tanto a él como al miembro del ayuntamiento de la ciudad, que nos acompañaron y acogieron en todo momento.

     Nuestra jornada concluía en la ciudad de Casablanca. De camino, veíamos como el paisaje ya era todo verde, lleno de fértiles tierras de labor y construcciones de ladrillo, atrás quedaron las arenas del desierto y el adobe.

     7 de Abril, que mejor manera que comenzar el día en Casablanca estirando las piernas, mientras visitas la gran mezquita de Hassan II. Pues fue lo que hicimos, deleitarnos con la impresionante construcción y todos los ornamentos que alaban la fama que se la ha consagrado a este edificio religioso, y que merece la pena conocer si se visita la ciudad. Tras concluir con la visita, tomaríamos la autopista que nos iría acercando a nuestra España.

     Al abandonar la autopista volvimos a circular por la montaña. Llegados a las proximidades de Tetuán, contemplamos con añoranza la carretera que se dirige a Chaouen, donde empezó nuestro viaje, pronto estaríamos en la frontera de Bob Sebta, tramitando la salida de éste enigmático lugar, el país de los contrastes.

     El acogedor Parador de Ceuta nos marcaba el fin de nuestras vacaciones, con la experiencia de haber vivido un viaje singular, en el que sabes que todos los días comienzas a andar junto al amanecer, pero que no sabes exactamente todo lo que ocurrirá hasta el  que llegue la noche. Un viaje de amigos y familias, que día a día van descubriendo los encantos de otras culturas, las necesidades en las regiones menos favorecidas de este país y la camaradería de un grupo, cuando surgen los problemas 

     Cuarenta y cinco personas, 15 coches y uno más que llegó un par de semanas después, igual que lo vimos por última vez en tierras marroquíes, y sin el cual, probablemente no tendría tantas cosas que contar, por que hay averías que no se sabe cuando, ni a quien, le van a suceder. Les paso a ellos, como nos podía haber ocurrido a nosotros

     Una mención especial a Jesús y Susanne, que veían truncado su viaje una y otra vez, pero que nunca se vinieron abajo cuando llegaban mal dadas, ese es el espíritu del aventurero, ese es el espíritu de Chacal.

     Roberto Martín, el Chacal.

    robin@chacal4x4.com